La sombra del santo
Está bien, dijo Marisela, te volveré a leer este cuento que tanto te gusta, pero será la última vez, no me gustan las historias donde existen injusticias. A mí me parece bien interesante porque se resalta la fe, y tú la lees de una manera genial, contestó Rosaura, y se sentó para escuchar con atención a su amiga:
La feroz represión de la dictadura no perdonó ni siquiera a la abuela, una señora de 75 años y casi ciega que no representaba una amenaza para nadie, por supuesto. Estaba sentada, como todas las tardes, en el frente de su casa recibiendo el aire fresco de la montaña, cuando uno de los tres policías que pasaban por allí tropezó con su mecedora y ella, sorprendida y asustada, sin poder mirar bien quiénes eran, profirió una insultante obscenidad que estremeció hasta las paredes. Se la llevaron presa, sin ningún miramiento, por faltarle el respeto a la sagrada autoridad.
Ha cometido usted un delito muy grave, le dijeron sin permitirle defenderse y encerraron a la abuela, qué barbaridad, en este mismo cuarto oscuro donde me encuentro yo ahora, dos años después, porque me quedé paralizada en medio de la plaza, donde una repentina y escandalosa protesta en contra del tirano mandamás que funge de presidente terminó perseguida por sus esbirros. De nada sirvieron las excusas de que yo solo pasaba por allí y nada tenía que ver con los jóvenes manifestantes. Aquí estoy, a punto de soltar el llanto y tratando de respirar el escaso aire que entra por esa altísima ventanilla.
Espero que esta vez ocurra el mismo milagro que nos contaba la abuela. Ella decía que en cuanto cerraron esa pesada puerta de hierro se dedicó a rezar, a pedirle a Dios que, por su gracia divina, la sacara de esta prisión, que se condoliera de una anciana casi ciega que solo deseaba morirse en paz en la tranquilidad de su casa. Y entonces ocurrió lo inexplicable: ya cuando estaba anocheciendo, una sombra que apenas sus ojos podían percibir se proyectó en la pared. Forcé la vista, relataba con emoción, y solo veía la silueta difusa de un hombre con sombrero, era un santo, qué más podía ser; y le recé con mucha devoción durante el tiempo que estuvo allí. Al otro día, volvió a aparecer y a la mañana siguiente, me dejaron en libertad. Dios y ese santo escucharon mis plegarias.
Hoy a mí, en esta tétrica mazmorra, no me queda más remedio sino orar también, confiar en que suceda otro milagro que me saque de aquí. No tenía muchas esperanzas, por mi falta de fe, de que apareciera en esta celda una imagen sagrada para volcar en ella mis ilusiones de libertad, sin embargo, la estoy viendo, allí está frente a mí la estirada figura, de los hombros hacia arriba, con el sombrero. Me sentí impactada en ese primer momento, pero ahora que comienzo a detallar la luz que entra por la ventanilla, lo comprendo todo: No fue a un santo a quien le rezaste con tanto fervor, abuela, qué ironía, sino a la sombra del mismísimo y tan odiado tirano que el sol proyecta desde la inmensa estatua que se encuentra en el patio central de la prisión… y yo obviaré ese detalle para continuar creyendo, al igual que tú, que esa providencial aparición me sacará de aquí.
Es un cuento precioso, Marisela, no lo puedes negar. Ay no, Rosaura, demasiado sufrimiento para mi gusto. Regresemos al trabajo.
Invito al amigo @jesusnunez a sumarse a esta edición de Arte y escritura.



Upvoted! Thank you for supporting witness @jswit.
Gracias por el apoyo.
El recurso literario de la dualidad del ser y el simulacro dejan ver desde una perspectiva filosófica como el relato inicia evocando históricamente una época dictatorial donde el derecho a la libertad de expresión, libertad de pensamiento y derecho al debido proceso era un privilegio que sólo existía en un estado utópico porque la autoridad suprema era quien decidía sobre los destinos de una sociedaduna idiosincrasia religiosaen donde los santos y ánimas locales fungían como abogados y salvadores ante la tiranía.
Esa creencia popular y fe inquebrantable hacia lo místico fue el nutriente y aliciente en que se aferró la anciana para salir de la mazmorra y cumplir el sueño de desencarnar en los aposentos de su hogar. Ahora bien, desde el punto de vista metafísico, tiene una lectura o camino distinto que conduce al mismo destino: lograr su libertad. Al depositar su confianza en un poder superior a su capacidad humana, nutrirlo con esperanza y alimentarlo con fuertes emociones (imaginarse saliendo de la celda, dejar atrás la mazmorrra, mentalizarse camino a su casa y sentir la calidez de su cama, etc.), la abuela comenzó a reprogramar su subconsciente, que es el ingeniero, diseñador, constructor y puente hacia la realidad; en otras palabras, configuró su campo energético y vibración para hacer posible lo que sentía desde su corazón.
He disfrutado un montón este complejo y a la vez divertido relato. Gracias por tu aporte; al igual que a todos, te deseo mucho éxito
Quise enfatizar la fe de una abuela en sus creencias y luego la de su nieta, quien por los avatares de una realidad donde reina la represión, termina en la misma celda donde estuvo antes la anciana. Muchas gracias por sus consideraciones sobre esta publicación. Un gran saludo.
Esto suena a tortura de santos, de perseguidos y del Síndrome del tercer hombre que sería bueno que vieras.
Suerte.
Gracias por la sugerencia. Iré a echar a un vistazo a ese síndrome para averiguar de dónde proviene. Un gran saludo.
Gracias por estar. Un abrazo.
1. Determination of Club Status refers to the https://steemworld.org/transfer-search Web-based Application
2. Plagiarisme Checker: https://smallseotools.com/plagiarism-checker/
3. AI Content Detector: Corrector App, OpenAI/, CopyLeaks
En un momento de descanso comparten una historia que refleja un ambiente de represión y, aunque la mujer que lee no es amante de ese tipo de relato, complace de todos modos a la amiga. Gracias por todo, amiga.