Soñando con el abuelo
Carmencita llevaba cinco días con unas fiebres tan intensas que le habían agrietado los labios y una profunda tos que, por su persistencia, parecía extraerle las pocas fuerzas de su disminuido cuerpo. Flor Virginia, su madre, en todo ese tiempo no había tenido ni un minuto de descanso. Al principio, creyó que solo se trataba de un resfriado común y le administró a la niña las infusiones que ya conocía y estaba segura de que funcionaban contra esos catarros que ocasionaba el engañoso frío decembrino, sin embargo, los malestares se agravaron y llegó un momento en que su pequeña hija no podía hablar ni mucho menos levantarse porque el dolor de los huesos no se lo permitía.
No pudo esperar más, desesperada ante el estado de Carmencita, tuvo que pedirle al antipático señor Rogelio que le hiciera el favor de trasladarlas en su automóvil hasta el hospital para que la viese un médico. El pediatra que la examinó, después de una atenta revisión, le aseguró que no se trataba de nada grave, pero que la niña ameritaba de atentos cuidados para que los severos síntomas no empeoraran y desembocaran en una enfermedad de mayor envergadura, además debía suministrarle fielmente los medicamentos que asentó en el récipe.
Flor Virginia cumplió al pie de la letra las indicaciones del médico, sin embargo, tenía la impresión de que Carmencita no mejoraba. Había notado que ya su cuerpo no estaba tan caliente y que la tos había disminuido, pero eso podía deberse a que las fiebres se habían mudado para dentro de su organismo y a que ya ni siquiera le quedaban fuerzas en los pulmones para toser con ganas; todavía la veía demasiado desmadejada y, aunque comió un poco de sopa, el aletargamiento de su ánimo era alarmante… A la mañana siguiente, sin embargo, la pequeña tenía un mejor semblante, se levantó un poco de su cama y comenzó a hablar para decirle que había soñado con su difunto abuelo.
—Sí, mamá, en el sueño yo estaba acostada en el sofá de una sala antigua, con un libro en la mano y él abrió la puerta y se quedó allí parado, mirándome fijamente. Yo le sonreí porque me parecía muy graciosa la gorra y la ropa que el abuelo llevaba puesta. Después él también sonrió y se marchó sin pronunciar ni una palabra.
Flor Virginia se sintió aterrorizada. Siempre había escuchado decir que los enfermos se recuperaban momentáneamente para luego marcharse de este mundo y que cuando sueñan con los parientes que ya han fallecido es porque ellos los vienen a buscar para guiarlos hasta el más allá.
—Hija, -dijo la mujer con una desesperada ansiedad en la voz- ¿el abuelo te hizo alguna seña, te comunicó algo extraño? ¿te dio a entender por qué estabas soñando con él?
—Ah, no hacía falta, ya yo sé por qué estaba soñando con el abuelo, -respondió Carmencita que se levantó en ese instante de la cama y caminó hacia el otro lado de la habitación- mientras su madre estaba a punto de soltar el llanto-. Es que anoche me quedé viendo ese cuadro que está aquí en la pared. Mira, el abuelo estaba vestido igualito a ese señor y la habitación era la misma.
Invito al amigo @ikwal a participar en esta edición de Arte y escritura.



Una historia profundamente conmovedora, que se mueve entre el miedo adulto y la inocencia infantil. Da un nuevo significado a los sueños infantiles y muestra cómo la imaginación inocente puede ser malinterpretada como presagios místicos por adultos atemorizados. La comparación es poderosa y humana. Gracias por compartir esta historia sutil, emotiva y significativa.
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Me encantó leerte. Gracias por estar. Un abrazo.
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En realidad, intentaba, sobre todo, contrastar la dramática e hiperbólica angustia de la madre con la verdadera razón, tan pueril e inocente del sueño de la protagonista; pero parece que eso no resultó tan evidente en el relato. Gracias por todo, amiga...
Bueno, tal vez la idea sí está bien expresada; y yo, en medio de mi agotamiento, no lo vi, jeje.
Una historia profundamente conmovedora, que se mueve entre el miedo adulto y la inocencia infantil. Da un nuevo significado a los sueños infantiles y muestra cómo la imaginación inocente puede ser malinterpretada como presagios místicos por adultos atemorizados. La comparación es poderosa y humana. Gracias por compartir esta historia sutil, emotiva y significativa.
Gracias a usted por la lectura y por interpretar fielmente lo que, en última instancia, deseaba expresar en ese relato. Un gran saludo, amigo.
Curated by : @mvchacin
Le agradezco su apoyo.
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