SEC-S30W5: Historias espeluznantes para dormir | Out forzado en segunda base..

in Venezolanos Steem3 months ago


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Esto que me pasó hace tiempo es algo que no le deseo a nadie; una historia difícil de creer para los escépticos, pero fue real, lo sé; sé bien lo que escuché y lo que sentí. El miedo que ese día experimenté todavía produce escalofríos en mí con solo recordar; son las secuelas psicológicas de lo vivido a pesar de haber transcurrido un poco más de veinte años.

En aquel entonces mi etapa de bachillerato recién había culminado y con ella mis andanzas junto a Julio y Omar habían mermado, aunque siempre hallábamos la excusa perfecta para reunirnos.

Jazmín era una chica que siempre se había interesado en mí y, aunque era linda y agradable, nunca había sido de mi interés; durante todo ese tiempo solo la había visto como lo que en realidad era: una compañera más. Por lo que todos sus intentos por llamar mi atención habían quedado solo en eso, pero era algo que estaba por cambiar.

La Semana Santa de ese año estaba por llegar y, con ella, una invitación que dejaría gratis recuerdos. Algunos familiares de Jazmín acostumbraban a organizar campamentos recreativos en esas fechas en una casa de campo: una locación ubicada en zona montañosa de un sector conocido como La Raya, muy cerca de Biscucuy en el estado Portuguesa. La invitación de Jazmín llegó a través de Omar.

—¿Tienes planes familiares para esta Semana Santa? —preguntó él.

—¡No! La verdad que no. Creo que esta vez nos quedaremos en casa. —respondí.

—¡Perfecto! ¿Qué te parece si nos sumamos a un campamento del que me habló Jazmín? —sugirió Omar.

—¿Un campamento? ¿Con Jazmin? No me parece una buena idea; no tanto por ella sino porque para estos días es mejor no inventar. —me apresuré a responder.

—¡Anímate! ¿Tienes algo mejor que hacer? Julio también irá, y también su hermano César junto a su novia que es prima de Jazmín. —terminó persuadiéndome Omar.

—¡Cuenten conmigo! —respondí finalmente, lleno de expectativas.


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El campamento resultó ser mucho más animado de lo esperado. Los constantes juegos, el paseo por el río y la escalada en la montaña fueron clave para fomentar la unión en un grupo de jóvenes desconocidos procedentes de distintos lugares. Sin embargo, para mí lo más impactante no fue todo eso, sino lo que menos imaginaba antes de unirme al campamento. Nunca me había detenido a detallar bien a Jazmín: era alguien alegre con una sonrisa de esas que enamoran, pero sobre todo noté las voluptuosas curvas que siempre habían permanecido ocultas bajo el uniforme escolar.

—¡Te estoy cazando! No le quitas la mirada a Jazmín. —bromeaba Julio constantemente.

—Bueno sí, tiene lo suyo. —admití.

El Jueves Santo fue la noche de la fogata. Todo empezó entre chistes y, posteriormente, algunas canciones al son de una guitarra que tocaba uno de los asistentes. Después de ello, llegó la hora de las historias, pero no de cualquiera, sino de esas de terror que hacen que se te erice la piel mientras te hielan la sangre, especialmente porque hasta la luna se había ocultado para volver la noche más oscura de lo acostumbrado.

Alguien nos deleitó con una historia sobre la Sayona, otro habló sobre lo que siente alguien al escuchar a la Llorona. También contaron una historia sobre las Ánimas, pero ninguna causó tanto impacto como la de el Silbón, principalmente por ese efecto de sonido realista que le imprimió Cesar con su gran capacidad para imitar ese silbido espantoso.

—¡Muchacho! Ya fue suficiente. Deja de estar llamando a ese espanto. —interrumpió un familiar de Jazmín.

A pesar de ello, todos los presentes siguieron turnandose para faltar sus historias de terror y, gracias a eso, yo aproveché que todos centraban su atención en los narradores para alejarme del grupo junto a Jazmín sin que nadie nos notara.

—¿Para dónde vamos? —preguntó ella, mientras la guiaba de la mano algunos metros por el camino que llevaba a la montaña.

—¡Tranquila! Aquí está bien. Aquí nadie podrá vernos —respondí.

Aquel era mi momento, ese que tanto estaba deseando pasar junto a ella desde que había iniciado el campamento. Luego de confesarle que me gustaba, siguieron los besos, unos tan dulces y suaves que jamás me habría imaginado recibir en ese instante; tras cada uno de ellos, la temperatura no tardó en incrementarse a pesar del frío de la noche. Mis ganas de explorar más esa conexión pronto dijeron presente, y allí ocurrió la primera interrupción: —¡Puff! ¡Puff! —el ruido de algunos objetos cayendo se escuchó a escasos metros.

—¿Qué fue eso? —preguntó Jazmín alarmada.

—¡Eso no es nada! Tal vez algunos mangos que cayeron —dije para calmarla.

Los besos prosiguieron y mis sentidos estaban más vivos que nunca.

—¡Fi-fi-fuio! —un silbido largo y tendido se escuchó a lo lejos; no pude determinar de qué dirección provenía.

—¿Y ahora? —preguntó ella nuevamente.


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—No te preocupes, ese debe ser César, el hermano de Julio que sigue con su saboteo —respondí para no dejar que se desanimara y continúe besándola.

Estaba ansioso por alcanzar la segunda base, pero un nuevo —¡Fi-fi-fi-fuio!— arruinó el momento.

Esta vez se escuchó más fuerte y provino justo detrás de unos matorrales que estaban junto a nosotros.

Instintivamente, ambos miramos a todos lados, aunque la oscuridad no permitió distinguir ninguna silueta.

—!Auuuuuuu! —un aullido lleno de lamento se escuchó en a lo lejos: era el perro de la casa.

Aquel sonido fue el interruptor que derrumbó mi valentía: mi piel se erizó instantáneamente como si una mano fría hubiese rozado mi espalda haciéndome sucumbir ante los nervios que mis sentidos se negaban a entender.

Inmediatamente, sin mucho que pensar tomé la mano de Jazmín y corrimos a través de aquel camino que se volvía más largo en cada zancada, hasta que finalmente logramos volver junto al grupo para refugiarnos en la seguridad que ofrecía aquella fogata. La verdad es que ni siquiera hubo tiempo para detenernos a esquivar la mirada de todos los que nos vieron regresar, principalmente la de Omar y Julio, así como la de su hermano César y la de su novia, quienes no podían ocultar su curiosidad ante la cara llena de pánico que ofreciamos Jazmín y yo.




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Sort:  

Hola, @wlin

Es un placer ver que has aceptado mi reto, me alegro que te hayas tomado el tiempo de participar. Fue una anécdota? En realidad que es una situación impresionante, por eso hay que tenerle respeto a los bosques, sobre todo al anochecer.

Cumplimiento de las normas2
Contenido
Coherencia narrativa3
Imágenes Propias1.5
Presentación (markdown)2
Total8.5


Verificado con Duplichecker & Scribbr

Saludos Marvin. Difícil negarme a un reto como este... Lastima que volví tarde y no pude participar en los anteriores.

La historia es ficticia, aunque los personajes están inspirados en algunos amigos del bachillerato. La Raya es un lugar real, una zona montañosa ubicada entre Guanare y Biscucuy en el estado Portuguesa, muy cerca de un pequeño poblado llamado las cruces

La verdad es que después de escribir la historia dude en publicarla, sabía que mi puntaje sería bajo en las imágenes, pues la verdad es que no encontré ninguna que pudiera servirme dentro de mi galería personal... Pero en fin, no quería quedarme sin participar.

Excelente reto y gracias por la valoración.

¡Holaaa amigo!🤗

A veces pensamos que el bosque a pesar de verse tranquilo, no oculta un trasfondo. En lo personal, ni de chistes estoy aislada en esos lugares o el campo jajajaja, porque sé que de que vuelvan, vuelan y, allí uno queda a merced de esas ánimas en vela.

Te deseo mucho éxito en la dinámica... Un fuerte abrazo💚

Es un placer verlo de nuevo activo, amigo.

Ya el título me sugería por dónde venía usted jeje. Esta gente experimentó sensaciones encontradas en aquel camino de la montaña y yo no puedo evitar pensar en lo básico de ese muchacho sin nombre que no determinó a Jazmín hasta que detalló sus curvas en ese campamento, de terror jajaja, bien hecho.

Aunque las imágenes te restaron puntuación, me parece que estuvieron estupendas.

It’s certainly a favorite tradition for young people, sitting in a group taking turns telling spooky stories. I remember those school days; we actually wanted to listen to those stories and scare ourselves.

Japan has an interesting tradition called Kaidankai, where they light 100 candles for 100 stories. One is blown out each time a story finishes, but they always leave the 100th one lit just in case they invite an unwanted entity.