SEC-S30W2: Leyendas de mi país (La cueva de Doña Plácida)

SEC-S30W2: Leyendas de mi país (La cueva de doña Plácida).


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[Imágen editada en fotogrid]

La leyenda cuenta que hace muchos años (en la época de independencia) vivía en lo alto de las montañas de la Magdalena una señora llamada Plácida, quién para evitar los problemas de la guerra y las tropas que atravesaban los Valles del Tuy decidió pasar parte de su vida adentro de una cueva que se encuentra en el lugar. De allí nació la leyenda de la Cueva de Doña Plácida, se dice que Doña Plácida organizaba bailes de joropo en el interior de la cueva en aquellas épocas, y que aún en ocasiones se puede escuchar joropo tuyero proveniente del interior de la cueva. También se dice que seres mágicos parecidos a los duendes o a los momoyes andinos viven en el lugar, y que debes mostrar mucho respeto y pedir permiso para entrar, ya que aún se encuentra allí Doña Plácida, si no lo haces puedes pasarla muy mal e incluso perderte para siempre en el interior de la cueva.

En resumen, se dice que es una cueva encantada y uno de los lugares más místicos de los valles del Tuy en el Estado Miranda de Venezuela.


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[La Magdalena vista desde el valle]

El día era realmente caluroso, el sudor no se evaporaba debido a la alta humedad, cada gota formaba un camino, un canal que transitaba por nuestros rostros, formando especies de mini ríos o mini quebradas que desembocaban en la prenda de vestir mas cercana, aunque algunas caían al suelo.

Mis piernas sentían el peso de todo el camino, tres horas de trayecto montaña arriba, entre matorrales y caminos desérticos, el punto positivo es que el objetivo ya estaba cerca, o eso decía nuestro "guía" improvisado.

Decidimos parar para tomar un breve descanso, y además comer un refrigerio. Eran las dos de la tarde, nuestros estómagos estaban vacíos. Me senté en una gran roca que se encontraba a orillas del polvoriento camino, mis primos y nuestros amigos hicieron lo propio, éramos un grupo de siete personas. Mientras comía un pequeño trozo de pan con mortadela y tomaba algunos sorbos de refresco miré hacia abajo y disfruté de la vista, la ciudad se veía a lo lejos en el valle. ¡Realmente habíamos avanzado mucho! A veces caminamos y caminamos, si aún no logramos alcanzar la meta que nos hemos propuesto sentimos que no hemos avanzado, pero no es así, solo debemos voltear la mirada hacia atrás y ver todo lo que hemos recorrido.

El silencio era total, solo se escuchaba el sonido cortante del viento.

_ Cuando lleguemos podremos bañarnos en una gran quebrada que se encuentra cerca de la cueva. - Decía alegremente el padre de uno de nuestros amigos, él era la única persona que había visitado la cueva de Doña Plácida en algún momento de su vida, hace mucho tiempo atrás.

_ Yo solo quiero ver si realmente hay duendes como se dice. - Comentaba uno de los muchachos.

La conversación se hizo larga, ruidosa y amena entre todos los presentes, pero la verdad es que yo sólo pensaba en llegar y disfrutar del ambiente. Había leído que el clima alrededor de la cueva se siente pesado y enrarecido, como si el tiempo no hubiera pasado, y que un aire de misticismo rodea el área.


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[El trayecto es largo, aunque la pendiente no es muy inclinada en la mayor parte del camino]

Un par de horas después por fin llegamos a la zona, no sin antes perdernos un poco y dar unas pequeñas vueltas en círculo, como era de esperarse, nuestro guía no era el mejor.

Estábamos sobre una pequeña colina, y al fondo (abajo) se veía la entrada de la cueva. La pendiente de la colina era un poco inclinada así que había que ser precavidos a la hora de bajar. Cuatro de los muchachos se apresuraron y empezaron a descender para llegar rápidamente a la entrada de la cueva, aunque dos de mis primos y yo permanecimos arriba, había algo que nos llamaba la atención. En ese lugar se encontraba una pequeña construcción abandonada, se veía muy antigua, era de bahareque o algo similar, una casa de campo muy antigua. Las ventanas estaban selladas con madera y no se podía ver el interior. Nuestro "guía" nos comentó que esa construcción era una pequeña escuelita abandonada hace mucho tiempo, donde los niños de la Magdalena iban a aprender a leer y a escribir. Afuera de la "escuelita" había un pequeño y viejo columpio, que "chillaba" cada vez que el viento lo golpeaba, digno de una película de terror, eso incrementaba mucho más el aura mística del lugar.


Descendimos por la colina y a los pocos segundos nos encontrábamos a las afueras de la cueva de Doña Plácida, la verdad es que el aura que rodea la cueva y el ambiente del lugar se sienten extraños, ¡Es cierto lo que se dice! - Pensé.

La entrada era muy pequeña y realmente era peligroso entrar sin un guía real, así que solo nos dedicamos a disfrutar del lugar y a observar lo que había alrededor. Siento mucho respeto por estos lugares, así que pedí permiso a la montaña y a la cueva para disfrutar tranquilamente del lugar, siendo siempre muy respetuoso con todo lo que se encuentra allí.

Al rato pasaron dos muchachas muy bonitas camino abajo, se dice que más allá de la cueva hay una quebrada caudalosa, probablemente se dirigían hacia allá.

Las jóvenes intercambiaron sonrisas con los muchachos del grupo, por lo que al rato algunos de ellos decidieron emprender el camino hacia la quebrada (sin saber exactamente dónde se encontraba ni como llegar).

El resto nos quedamos en el lugar hablando un rato y disfrutando del ambiente, contando los relatos que conocíamos sobre la cueva de Doña Plácida y todo lo que la rodea. Uno de los muchachos que se encontraba con nosotros decidió asomarse un poco en el interior de la cueva y al instante salieron decenas de murciélagos de allí, dieron una vuelta en círculo y volvieron a entrar en la cueva. Todos nos quedamos perplejos y cada vez más teníamos la certeza de que la cueva realmente era especial. Al poco tiempo un golpe de viento sacudió el columpio y desde donde nos encontrábamos (en la entrada de la cueva) se pudo escuchar el chillido o chasquido del mismo. Todos nos miramos y sabíamos que era hora de volver.

Pronto llegaron los muchachos que se habían dirigido a la quebrada, tenían cara de susto. Decidieron volver porque nunca encontraron el cuerpo de agua y "según ellos" por el camino vieron duendes o alguna especie de seres mágicos. Yo al principio no les creía, quizás solo era una broma de parte de ellos, ya que eran muy parranderos y echadores de broma. Pero ciertamente había un aura mística y mágica que rodeaba a la cueva; ya caía el atardecer así que decidimos volver luego de agradecer por ese momento en el cual pudimos visitar ese legendario lugar, la cueva de Doña Plácida.


Invito a los amigos @enrisanti, @cruzamilcar63 y @solperez a unirse a la dinámica en su segunda semana.

Saludos cordiales a todos.

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Sort:  

En casi todos los pueblos existen leyendas de este tipo que, con el devenir de la modernidad, se han olvidado o la practicidad de las personas actuales simplemente niegan estas cosas. En el lugar en que nací, Mucoelrío, dicen que existían duendes que, algunas veces, se llevaban a los niños. Eso había quedado dentro de las tradiciones fantásticas o improbables del lugar. pero una vez que llevé a mi hijo, con cuatro años al pueblo, comenzó a correr de repente hacia las montañas; yo por supuesto lo perseguí, pero cuando lo alcancé me dijo que estaba siguiendo a un pequeño niño con un gran sombrero que lo silbaba; un ser que, yo que estaba con él, jamás llegué a ver.

Éxitos, amigo.

Hola, @jesusnunez

Es un placer ver que has aceptado mi reto, ¡bienvenido! Aquí tienes tu evaluación:

Esa leyenda si no la conocía. Aunque es común el respeto por los lugares naturales, quienes los solemos visitar muchas veces nos sentimos observados por ojos que sabemos que no son humanos. Quizás animales, quizás otra cosa.

Cumplimiento de las normativas3
Contenido
Coherencia narrativa3
Imágenes propias1.5
Presentación (markdown)1
Total8.5

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