El bosque de Sarsworth.
Bosque de Sarsworth: |
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Pronto amaneció, la luz del alba hizo retroceder las tinieblas y la vida parecía volver lentamente al bosque, el silencio infernal de la noche había quedado atrás, era hora de proseguir la marcha.
Las heridas de la batalla anterior quemaban cuando el frío arreciaba ¡Y esa mañana hacía un frío de los mil demonios! Luego de un gran esfuerzo logré ponerme en pie mientras escuchaba a lo lejos las voces roncas de los capitanes, quienes ordenaban las tropas para ponerlas en marcha lo más pronto posible, era vital llegar a la fortaleza de Hathrow antes del anochecer, pasar otra noche en medio del bosque podría significar la muerte.
_ Hey Dowech, como está tu pierna, te ves bastante mal; preguntó Allardyce (capitán de uno de los señores menores que acompañaban la marcha).
_ Aún la conservo, con eso me conformo.
_ Diste una gran batalla, pensé que serías uno de los primeros en morir; agregó el capitán quién sonreía de forma aligerada.
_ No te preocupes mucho por mi pierna, le dije. Aunque realmente la herida había sido profunda, un maldito imbécil de Sarasin logró clavar su daga en la parte lateral del muslo derecho y la verdad es que no se veía nada bien. _ Preocúpate por tus ataques de tos, te oí toda la noche desde aquí, si sigues así pronto vomitarás tus pulmones.
_ Ja ja ja, maldito idiota, sabes, a pesar de tu insolencia intermitente me gusta pasar el rato contigo, me divierte un poco y me hace olvidar este estúpido viaje en medio del invierno.
_ Yo también te adoro, Allardyce, dije en modo sarcástico; pero debemos ocuparnos más en avanzar que en hablar, sino seremos comida de cuervos para el amanecer.
_ Tú serás carroña, yo seguiría viviendo luego de otra batalla, esos imbéciles no acabarán conmigo.
_ Si, claro. Como no.
¡Avancen!, se escuchó desde la primera línea, y casi al instante las tropas prosiguieron a avanzar con paso lento pero firme.
_ Nos vemos pronto, mi señor, si es que la tos no acaba contigo, le dije a Allardyce; yo avanzaba a lomos de mi caballo mientras él esperaba que el ejército lo dejara atrás, ya que era uno de los capitanes encargados de la retaguardia. Mientras me alejaba volví la mirada atrás con una sonrisa sarcástica, Allardyce me miró y de pronto me hizo una seña obscena con su dedo medio, y sonrió, con su estilo fanfarrón muy característico.

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La mañana fue muy tranquila, aunque fría. El frío empezaba a afectarme, comenzaba a toser, ¿Me abre enfermado de peste?, que ironía, me burlé de Allardyce y capaz el caído a causa de la peste sea yo.
Avanzamos muy rápido, sin darnos cuenta ya habíamos recorrido aproximadamente 10 millas, unas escasas 5 millas nos separaban de las murallas de Hathrow.
Las tropas se detuvieron de golpe, pensé que existía algún problema a la cabeza del batallón, pero pronto los caballeros informantes recorrieron las filas dando la orden de descabalgar y acomodarse para un breve descanso y una pequeña comida.
¿Una comida, un descanso?, ¿En serio? Yo quiero seguir avanzando y salir lo más rápido posible de aquí, los hombres de Sarasin saben de nuestra presencia y nos están siguiendo, es probable incluso que nos estén observando ahora mismo. Ciertamente tengo hambre, todos debemos tener mucha hambre ¿Pero como vamos a descansar? (Pensaba mientras veía a mis compañeros acomodarse en el suelo frío para recibir sus alimentos).

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La comida consistió en un muy pequeño trozo de carne de ternero congelada y dos rodajas de pan negro. ¡La servidumbre come mejor!, pensé .
Sin embargo, tomé mi ración y traté de comer lo más rápido posible. Los dientes me dolían debido al frío de los alimentos, pero logré comer de prisa. Mis compañeros comieron aún más de prisa, fueron muchas horas sin comer. Frente a mí dos hombres se peleaban por una rebanada de pan que habían encontrado en el suelo, llegaron a las manos, uno de ellos le clavó un puñal en el estomago al otro, el cual empezó a vomitar sangre espesa y oscura mientras caía lentamente sobre la hierba gélida, se desenvainaron muchas espadas, el hambre había hecho añicos la camaradería de las tropas.
Ragnarium, uno de los capitanes de mayor rango, al darse cuenta de la trifulca cabalgó rápidamente desde las líneas de mando y llegó al lugar.
_ Hombres de Faramir, fueron los elegidos de su rey para esta gloriosa misión, no manchen su honor. Las necesidades no pueden convertirse en nuestro principal enemigo. ¡Soldado!, ¡Has cometido una injusticia contra tu hermano!, se dirigió al hombre que acababa de asesinar a su compañero por el trozo de pan.
_ No era mi intención, capitán. Pero el pan lo encontré yo y él me lo quería quitar.
_ No buscaré culpables, sólo quiero que honres a tu hermano cavando una linda tumba para él, ahora mismo.
Al hombre se le dieron las herramientas y empezó a cavar. Era una tarea difícil, ya que la tierra era dura, estaba prácticamente congelada por las bajas temperaturas, y el hombre estaba débil y hambriento.
¿En serio es necesario perder este tiempo valioso?, ya él está muerto, da igual si se lo comen los buitres, si no nos apuramos nos comerán a nosotros, Sarasin nos observa, pensaba dentro de mí. En realidad no daba crédito a lo que estaba presenciando en medio de la fría tarde que empezaba a caer.
Minutos después el soldado ya había sido enterrado, aquel hombre cayó exhausto sobre el suelo. El capitán se acercó a él, le dió dos palmadas en la espalda y le pidió a sus hombres que le dieran vino, carne y un buen trozo de pan.
El hombre empezó a comer con gran ímpetu, comió hasta saciarse. Cuando había recuperado el aliento y la vitalidad se reincorporó listo para emprender la marcha pero pronto sintió un extraño frío que atravesaba su abdomen, todos miraban estupefactos, uno de los hombres del capitán lo acuchillaba por la espalda mientras él caía al cesped con la mirada perdida y llena de preguntas sin respuestas.
_ Esto es lo que sucede a quién levanta la mano contra su hermano, no importan los motivos. Dijo Ragnarium mientras se apresuraba a montar su caballo y se preparaba para avanzar hacia la cabeza del ejército.
De inmediato las tropas reiniciaron el viaje y empezaron a avanzar, dejando atrás el cadáver de aquel hombre, un soldado sin nombre que pronto sería devorado por los animales del bosque.

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La tarde fue lenta y áspera, el silencio del bosque actuaba como una losa sobre nuestras espaldas, sólo escuchábamos nuestros pasos y los cascos de nuestros caballos en la inmensidad de aquel lugar, la pierna me seguía doliendo, incluso mucho más que en la mañana. Fuimos informados de que pronto llegaríamos, faltaban solo un para de millas para salir del bosque y llegar a la pradera frente a la muralla de Hathrow; solo pensaba en llegar, tomar una comida caliente y deliciosa y tumbarme en una magnífica cama de paja mientras recibo cariños de una de las criadas del reino, me han dicho que son muy bonitas. Aunque antes necesita verme la pierna un curandero.
"Cruach, cruach, Cruach", fue el sonido que cortó mis pensamientos, "Cruach, cruach, cruach" se escuchaba, primero a lo lejos, luego cada vez más cerca. Era el sonido de hojas secas pisadas por animales... o por el enemigo.
Nos detuvimos y desde la cabeza del ejército se nos dió la orden de formación defensiva, el paso era estrecho y éramos presa fácil en aquel momento, difícilmente aguantaríamos una embestida de Sarasin.
Se empezaron a escuchar bufidos y gritos de consignas entre los densos matorrales del bosque, era obvio que no se trataba de animales. De inmediato desenvainé mi espada y me preparé para una nueva batalla.
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Saludos cordiales y Bendiciones para todos.

