La paz que se encuentra cuando dejamos de correr
A veces lo más sencillo es lo que más nos marca. Una conversación inesperada, el canto de un pájaro, el olor de la tierra mojada después de la lluvia. La vida está llena de pequeños regalos que pasan desapercibidos cuando andamos con prisa.
El otro día fui a caminar por el monte. El sendero estaba lleno de hojas secas que crujían bajo mis pies. Encontré un arroyo pequeño, casi escondido, y me quedé un rato escuchando el agua. A veces los mejores planes son los que no planeamos.
He aprendido que no hace falta tener grandes cosas para ser feliz. Una tarde con alguien querido, un libro que te atrapa, una caminata al aire libre. La felicidad está en los detalles, en esos momentos que no planeamos pero que recordamos siempre.
Hay personas que pasan por nuestra vida y nos dejan algo. Una enseñanza, una palabra, un gesto. A veces ni se dan cuenta, pero nos cambian. Vale la pena agradecerles, aunque sea en silencio.
A veces la respuesta no está en hacer más, sino en hacer menos. En quedarse quieto, en respirar, en dejar que las cosas pasen. No todo requiere una reacción inmediata. Aprender a esperar también es sabiduría.
Anoche miré el cielo y estaba lleno de estrellas. En la ciudad casi no se ven, pero esa noche el cielo estaba despejado. Me quedé un rato larguísimo mirando hacia arriba, pensando en lo pequeños que somos. Y en lo enorme que es todo.
Hay una flor pequeña que crece en la vereda de mi casa. Nadie la plantó, nadie la riega. Pero cada mañana está ahí, abierta, firme. Me recuerda que no hace falta tener condiciones perfectas para florecer. A veces solo hace falta decidir hacerlo.
La vida es hermosa cuando aprendemos a verla. Nos leemos pronto.
Contenido original para Steemit.

