Pequeñas cosas que alegran el día
A veces lo más sencillo es lo que más nos marca. Una conversación inesperada, el canto de un pájaro, el olor de la tierra mojada después de la lluvia. La vida está llena de pequeños regalos que pasan desapercibidos cuando andamos con prisa.
El otro día fui a caminar por el monte. El sendero estaba lleno de hojas secas que crujían bajo mis pies. Encontré un arroyo pequeño, casi escondido, y me quedé un rato escuchando el agua. A veces los mejores planes son los que no planeamos.
La lluvia tiene ese olor a tierra mojada que me transporta a mi infancia. Cuando llovía y nos quedábamos en casa viendo la lluvia caer, sintiendo el fresco, el ruido de las gotas en el techo. Ese recuerdo me da paz.
Mi perro me mira con esos ojos que parecen entender todo. No necesita hablar para decirme que me quiere. Él está siempre presente, sin prisas, sin juicios. Ojalá los humanos aprendiéramos un poco de esa lealtad silenciosa.
Foto: Ilze Luīze Pauliņa / Pexels (CC0)
