[ENG-SPN] Mysteries of The Bureba / Misterios de la Bureba
That stronghold of Castilian culture, which, after all, even with the passage of time, continues to be Burgos, is, without a doubt, a unique universe, whose discovery provides us, especially those of us romantics who continue to consider the Way a philosophy of life and Kipling one of its most lauded prophets, with the opportunity to be surprised as we discover that world, a bitter enemy of comfort zones, which, without a doubt, continues to be out there.
As I have ventured on previous occasions, The Bureba, in addition to the metaphorical Rubicon, where the unexpected turn of the fickle Wheel of Fortune meant that its dream of becoming an oil emporium was irrevocably evaporated by the frustration of disillusionment, also had to witness a significant loss, in terms of something as priceless and personal as, of course, its historical and artistic heritage.
Lost, in many cases, like those dark swallows of Bécquer that never returned to Seville, it is not surprising, unfortunately, to come across what, seen from the east, appears to be an imposing 12th-century Romanesque church, only to be surprised to find that, as you walk around its apse, following the direction of the setting sun, you discover, with unusual uncertainty, that the rest of the nave, for whatever reason—and here the wind is innocent—has mysteriously disappeared. Nor can you detect, in the surrounding area, the presence of an Antea lagoon, like in Galicia, that has swallowed it up forever. Mysteries of The Bureba.
Esa plaza fuerte de la castellanía, que, después de todo e incluso con el permiso del tiempo continúa siendo Burgos, es, sin ningún género de dudas, un singular universo, cuyo descubrimiento nos proporciona, sobre todo a los románticos que continuamos considerando al Camino una filosofía de vida y a Kipling uno de sus más laureados profetas, la oportunidad de sorprendernos a medida que vamos descubriendo ese mundo, enconado enemigo de las zonas de confort, que, sin duda alguna, continúa estando ahí fuera.
Como ya aventuré en ocasiones anteriores, la Bureba, además del metafórico Rubicón, donde el giro inesperado de la veleidosa Rueda de la Fortuna quiso que su sueño de convertirse en un emporio del petróleo se viera irremisiblemente evaporado con la frustración del desengaño, tuvo que asistir, también, a una pérdida importante, en lo que se refiere a algo tan inestimable y personal, como es, desde luego, su patrimonio histórico-artístico.
Perdido, en muchos casos, como esas oscuras golondrinas de Bécquer que nunca volvieron a Sevilla, no resulta extraño, por desgracia, encontrarse con lo que, visto desde el este parece una imponente iglesia románica del siglo XII, para encontrarse con la sorpresa de que, al rodear su ábside, siguiendo la dirección del sol en el ocaso, se descubre, con insólita incertidumbre, que el resto de la nave, por las circunstancias que sean -y aquí el viento es inocente- ha desaparecido misteriosamente, sin que tampoco, por los alrededores, se detecte la presencia de una laguna Antea, como en Galicia, que se la haya tragado para siempre. Misterios de la Bureba.
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